La asertividad: ¿qué es y cómo mejorarla?

La asertividad es una habilidad fundamental para nuestro bienestar. Nos permite cuidar de nosotros mismos y, a la vez, cuidar de nuestras relaciones sociales. Es una variable altamente relacionada con la autoestima, la resolución de conflictos, el autocontrol, la empatía y la resiliencia. Suena bien, ¿verdad? Pues la buena noticia es que puede entrenarse y potenciarse.


Pero… ¿qué es exactamente la asertividad?

La asertividad es un estilo de comunicación, una forma de actuar. A través de la asertividad la persona expresa, sin perder el respeto hacia los demás, sus opiniones y sentimientos de forma directa y clara. Es la forma más respetuosa en la que podemos tratarnos a nosotros mismos y a los demás.

Ser asertivo implica conocer cuáles son nuestros derechos y respetarlos de la forma más adecuada posible.


Y… ¿cuáles son los derechos asertivos? Tenemos muchos derechos asertivos, aquí te dejo algunos fundamentales:

1. Derecho a ser tratado con respeto y dignidad.

2. Derecho a poder expresar de forma educada mis sentimientos y opiniones

3. Derecho a pedir, sabiendo que el otro tiene derecho a decir que no

4. Derecho a rechazar peticiones

5. Derecho a tomar nuestras propias decisiones

6. Derecho a cambiar de opinión

7. Derecho a equivocarse, siendo responsable de los errores

8. Derecho a tomarse un tiempo antes de actuar o decidir. Derecho también a no responder

9. Derecho a preguntar cuando no se entiende algo

10. Derecho a reconocer y disfrutar de los propios logros y sentirme orgulloso

11. Derecho a obtener aquello por lo que se paga, y solicitarlo si no fuese así

12. Derecho a estar solo cuando lo deseamos

13. Derecho a sentirse contento, aunque otras personas de mi entorno no lo estén


Si reconociésemos nuestros derechos asertivos y los comunicásemos de forma respetuosa (con nosotros mismos y los demás), podríamos usar frases asertivas como:

  • “Gracias por la propuesta, pero la verdad es que no es lo que quiero en este momento”

  • “Esto que me has dicho me ha dolido, y necesito un tiempo para saber qué responder”

  • “Gracias por querer acompañarme, pero ahora mismo necesito estar solo”

  • “Perdón, pero este plato que he pedido está en mal estado y querría cambiarlo por otro”

  • “Gracias por valorar mi trabajo, yo también estoy orgulloso de mi esfuerzo”

  • “Ya sé que el otro día te dije algo diferente, pero he cambiado de opinión y estoy en mi derecho de hacerlo así”

  • “Te agradezco que me des este consejo, pero quiero decidir yo mismo cómo resolver esta situación”

Después de leer estos derechos y frases de ejemplo… ¿consideras que tienes en cuenta y respetas tus derechos? ¿hay algunos que te cuestan más?

Es normal que a veces nos cueste ser asertivos. De hecho, hay que tener en cuenta que resulta prácticamente imposible responder ante cualquier situación desde la asertividad. También, en función del contexto podemos ser más o menos asertivos. Por ejemplo, quizás con nuestro mejor amigo sentimos que defendemos nuestros derechos sin dificultad, pero en el trabajo nos resulta más complicado.

A veces, en lugar de responder de forma asertiva, respondemos de forma pasiva o agresiva.


Y… ¿qué esto de responder de forma pasiva o agresiva?

Además de la asertividad, existen otros estilos de comunicación menos adaptativos, los cuales es importante conocer para poder identificar y diferenciar de la asertividad: la pasividad y la agresividad.

  • La pasividad es un comportamiento en el cual la persona adopta una posición sumisa, sin defender sus derechos y sin expresarse con claridad, con el fin de evitar diversos tipos de consecuencias (conflictos, malestar en la otra persona…) Cuando nos comunicamos de forma pasiva, estamos teniendo en cuenta lo que quieren los demás, pero no lo que queremos nosotros mismos. Les estamos respetando a ellos, pero no a nosotros.

¿Cómo detectar la pasividad?

Actuamos de forma pasiva cuando no somos capaces de rechazar peticiones (ej. decir no a un plan), ni de pedir favores (ej. pedir un cambio de turno en el trabajo), nos cuesta expresar sentimientos (ej. decirle a alguien que nos ha hecho daño con lo que nos ha dicho), o tenemos dificultad empezar, mantener y terminar conversaciones generales (ej. cortar la conversación con mi vecino cuando me habla y no quiero seguir ahí).

  • La agresividad, por su parte, es el estilo de comunicación en el cual el sujeto se expresa abiertamente, aunque sin respetar a los demás. Es decir, se agrede al resto ya sea de forma física, psicológica o verbal. En este caso estamos luchando por nuestros deseos o necesidades, pero sin respetar al otro.

¿Cómo detectar la agresividad?

Un ejemplo de agresividad sería responder de forma hiriente cuando nos hacen una crítica (ej. nos dicen que nos hemos equivocado y respondemos gritando). También cuando imponemos nuestras preferencias descuidando las de los demás (ej. a mi pareja no le gustan los documentales, pero yo siempre pongo documentales y nunca pongo lo que ella quiere). Otro ejemplo sería responsabilizar a una persona de algo que nos ha sucedido (ej. he tenido un mal día en el trabajo y para descargarme discuto con mi compañero de piso). Cualquier tipo de agresión directa o indirecta entraría dentro del estilo agresivo.


Y ahora que hemos visto la asertividad, y también las otras dos formas de comunicación existentes (pasividad y agresividad). ¿Cuál crees que es tu estilo predominante? ¿Crees que te vendría bien mejorar la asertividad?

Si la respuesta es afirmativa, quizás te preguntes “vale, pero ¿cómo se puede mejorar la asertividad?”

Por muy obvio que parezca, identificar que quieres mejorar tu asertividad es lo primero. Si ya lo has identificado, enhorabuena, a partir de aqui se puede avanzar. Ahora, te propongo que vayas de menos a más, siguiendo los siguientes pasos:

  1. Señala aquellos derechos asertivos que te resulta más difícil defender.

  2. Entre ellos, escoge uno para empezar. Estaría bien que empezases por uno que, aunque te cueste, no sea el más difícil.

  3. Prepara de antemano frases asertivas con las que podrías empezar a responder.

  4. Póntelo fácil, empieza a usar esas frases en contextos que sean más sencillos (por ejemplo, con amigos), y poco a poco procura usarlas en contextos en los que te resulte más difícil (por ejemplo, en el trabajo)

  5. Repite estos pasos con otro derecho asertivo diferente.

Lo último, pero más importante: ten paciencia. Permítete fallar. Permítete ir despacio. Recuérdate que hay situaciones en las que es muy complicado actuar de forma asertiva, que no siempre es posible. También, ten presente que a veces es necesario pedir ayuda. Si fuese así, estaremos aquí para ti.


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